Zyanya Arrieta Gerón

Despertamos de un sueño que parece recordarnos que las cosas pueden cambiar, pero el recuerdo es vago, comienza a desvanecerse a la par de los primeros movimientos bajo las sábanas y, una vez que nos ponemos de pie, ya hemos olvidado. La monotonía del día nos absorbe hasta caer la noche, pero queda ahí, en lo profundo de nuestra mente, aquella idea de hacer algo distinto, un algo que tenga repercusión en nuestra vida y, quizá, en el mundo.

Hace unas semanas escuché decir a alguien que ir al teatro le parecía una experiencia memorable, además de que rompía con las actividades habituales de la semana. Coincido, suele ser inevitable no quedarse impregnado de lo que se acaba de ver, si el argumento es complejo, las dudas, ideas y posibles referencias no se harán esperar, el terreno de la interpretación se extiende hasta donde uno le permita. En esta ocasión, la obra que desató todos estos pensamientos fue Desobediencia de Benjamín Castro quien, junto con Geraldine Guerrero, protagoniza la puesta en escena. El corte experimental de esta propuesta podría mermar nuestra atención, poniendo en riesgo nuestra consciencia del argumento que se desarrolla en el interior, sin embargo, podremos encontrar en escena enunciaciones y elementos simbólicos muy claros que nos conducirán a establecer analogías con nuestro contexto social, como con el movimiento estudiantil de 1968, principal acontecimiento que Desobediencia propone como tema de reflexión.

La obra encuentra su punto de partida en La Lección (1950) del dramaturgo franco-rumano Eugène Ionesco, uno de los máximos representantes del teatro del absurdo y autor de obras como La Cantante Calva (1948) y Rinoceronte (1959). En esta pieza teatral de 1950 una joven estudiante recibe clases particulares de un profesor anciano, ambos comienzan la tarea entusiasmados, pero cuanto más avanza la sesión más tensa se vuelve, provocando que la alumna pierda todo brillo de vitalidad y haga caso omiso de las lecciones, ocasionando el enfado del profesor. Hasta aquí la historia podría sonar un tanto bizarra, sin embargo, tiene también su tinte de comicidad, precisamente por las características del absurdo: diálogos que carecen de sentido, atmósferas ajenas a lo común, personajes que le dan un giro extraño a cada historia, por nombrar algunas de ellas. En Desobediencia el absurdo también está presente en función de inquietar al público, incitar a la reflexión y el cuestionamiento.

La identificable actitud de desobediencia que hay en La Lección es la base desde la que Benjamín y Geraldine exploran cuestiones de carácter político-social, desarrollando el tema en tres lecciones: 1ra Liberar la voz; Geraldine recita una carta mientras a través de sus audífonos se escucha “To Love Somebody” de Janis Joplin, el rostro afligido de Geraldine es proyectado al centro del escenario, el sentir de las palabras se refleja en su mirada, hablándonos del amor y la entrega completa a otro ser humano. 2da El Gusto por las Bellas Artes, Benjamín explica el asesinato como un arte, partiendo de la idea de que matar es reprobable, pero una vez cometido el asesinato qué más nos queda que sucumbir a la contemplación estética del resultado; quizá algunos caigamos en la sospecha de que no es Benjamín quien habla sino el gobierno mexicano con su distinguible espectáculo de asesinatos. Esta lección es una referencia a la obra de Thomas de Quincy Del asesinato considerado como una de las bellas artes, en la que el argumento, por supuesto irónico, es exactamente el mismo que expone Benjamín. 3ra ¿para qué habré venido? Esta lección es, para mí, la más cruda como la más bella, la violencia y la muerte se representan a través de los protagonistas; hay poesía dedicada a la memoria de Nadia Vera y, minutos después, en la oscuridad del teatro se proyecta una serie de preguntas que el espectador responderá, quizá, para sí mismo; mientras tanto la única iluminación en el escenario reposa tenuemente sobre los cuerpos de Geraldine y Benjamín, imagen que, en mi interpretación, se asocia con un estado de purificación, tanto de los protagonistas como personajes de una obra teatral, como de sus propias entidades humanas que encarnaron la crudeza de nuestro contexto social en un escenario.

Desobediencia
Imagen tomada de la página Producciones de lo Innombrable en FaceBook

Como notas finales me gustaría traer a colación el estado del arte hoy en día, somos conscientes de que el ritmo de vida es cada vez más veloz, nos han enseñado que leer un libro, escuchar música o asistir al teatro, es parte del entretenimiento, sin embargo, cuando estas manifestaciones artísticas exploran otras cuestiones que van más allá de ser un producto únicamente estético o de entretenimiento, podemos caer en el sencillo acto de juzgar lo visto como algo pretencioso o carente de sentido. No me malinterpreten, no condeno el entretenimiento ni los ratos de ocio que son completamente necesarios para la vida, lo que me gustaría expresar es la importancia que reside en otorgar la oportunidad de diálogo entre nuestra consciencia y el argumento de propuestas artísticas que buscan, dentro de su experimentación, retratar ideas complejas y de reflexión.

Desobediencia tiene todos los elementos para entretener a un público, pero también cuenta con todos los elementos para cuestionarnos sobre nuestro pasado y presente históricos; nuestra sociedad se ha regido siempre por leyes y normas que, idealmente, mantienen la estabilidad del país, sin embargo, ha sido la historia misma la que nos ha demostrado que, en circunstancias particulares, la desobediencia civil es necesaria para poder cambiar algo. Desobediencia rinde homenaje a todos aquellos que lucharon juntos por un objetivo más grande que ellos mismos. Esta puesta en escena es ganadora de la Muestra Estatal de Teatro Veracruz 2018 que se llevó a cabo a principios de agosto en el Teatro del Estado. Por el momento sólo me queda recomendarles esta excelente propuesta escénica, las actuaciones son impecables, la escenografía envolvente y el argumento difícilmente podrá quedar indiferente. En el afán de buscar respuestas y reflexionar, quizá encontraremos la forma de unirnos y mejorar como sociedad.

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